Inevitable

Volar y Bailar

 

No sabemos mucho acerca del mar pero sí conocemos la sensación de estar frente a él porque a todos nos atrapa. Nos seduce con el baile más hermoso que podemos imaginar. La voz del mar le habla al alma. De alguna manera nos calma, nos acuna, nos aclara y nos vuelve más nuestros, o más suyos quizá.

Todos somos el secreto de alguien y, aunque no lo sepamos, en el mar está el nuestro.

Dicen que los encuentros importantes son planeados por el alma mucho antes de suceder. También dicen que, como si de un cuento se tratara, nuestro corazón sabe cuando la búsqueda termina. Y en esta ocasión ellos, aunque andaban sin buscarse, sabían que andaban para encontrarse. Así fue que cuando sus ojos se cruzaron, su alma la señaló y le susurró a su corazón “ella”. El tiempo había dejado de contar, se convirtió en un gran instante al que los dos, más tarde, llamarían vida.

Somos instantes. El mar nos lo recuerda con su danza cada vez que en sus olas rompen los mismos recuerdos que viven segundos antes a la vez. Somos chispas de amor que esparcimos con locura, pequeños haces de luz cargados de sentido. Y lo que nadie nos dice es que echemos a volar, que lo que es nuestro nos encontrará en pleno vuelo. Porque el lugar más bonito del mundo siempre coincide con el rincón donde más vivos nos sentimos, el de las personas que amamos.

Volar y bailar como lo hace el aire y el mar. Dejarnos llevar.

Aquella noche el viento sopló con fuerza y el mar recogió, grabando en sus olas, aquel secreto. El de dos personas que ni soñaban con conocerse y terminaron encontrando lo que el mundo entero está buscando.