Estamos hechos de historias

Historias... Estamos hechos de historias.

Contamos historias para inundar de latidos nuestro corazón. Sin ellas la vida se detendría sin fuerzas para seguir.

Las historias nos hacen crecer, son las que nos impulsan, enseñan y ponen color a nuestros días. Unas veces en gama de grises, otras en tonos tierra, pastel, apagados o multicolor. Las historias nos alimentan, son las que nos llenan de vida, las que nos susurran bajito al oido cuando dejamos de creer en nosotros mismos.

Las historias nos hacen aspirar a más, nos empujan de forma mágica a amar, a saltar al vacío. Amamos las historias porque amamos sentirnos vivos.

Somos una fábrica inagotable de historias. Incluso cuando cerramos los ojos y nos vamos a dormir nos las seguimos contando en sueños. Nuestra mente se mantiene en vela para podérnoslas narrar.

Hay historias que nos regalan carcajadas, historias que consiguen mantenernos en vilo, robándonos el sueño de la noche y el brillo del día. En muchas de ellas no sabemos que ocurre hasta el final, mientras que otras son demasiado predecibles y nos encanta vaticinar qué sucederá. Historias que nos erizan el vello de la piel, que nos envuelven en fantasía y nos hacen volar como pájaros. Historias increíbles, casi imposibles que se tornan mágicas. Historias que nos dan lecciones y nos impulsan a mejorar. Historias pequeñas, invisibles y secretas que apenas se oyen mientras que otras con gran estruendo resuenan en todo el planeta. Historias de minutos, de siglos o de toda una eternidad. Historias que nos hacen llorar, vibrar, amar, brillar en la oscuridad... Hay historias e historias. Pero todas coinciden porque, ya sean feas o bonitas, ninguna se puede borrar.

El mundo está hecho de historias. 

Van siempre con nosotros, escritas en nuestra piel como lo hacen las vetas de un árbol dibujando sobre la madera todas sus vivencias. Las historias nos hacen, desde que nacemos hasta que morimos. 

Lo pretendamos o no, al final, todos nos convertimos en una de ellas. Son el único tesoro que nos llevamos cuando todo se acaba, pues lo que se escribe en el alma de las personas, se guarda para siempre.

Paula Kemba