Cuando dos se besan el mundo cambia

Para él era ella, para ella él. Nunca se habían imaginado pero sí sentido. Así fue que cuando sus almas se cruzaron, se cogieron las manos y entrelazaron sus dedos haciendo fuerza para no disolverse. Las unieron con tanto amor, tanto esmero que crearon un nudo. Un nudo invisible que ni siquiera ellos mismos pudieron ver. Sus almas sonrieron porque sabían que aquella lazada limpia y firme no se podría deshacer. Lucían igual, reflejaban lo mismo, caminaban parecido, sentían al unísono, disfrutaban como niños. Compartían gusto, amor por las aventuras y un sinfín de proyecciones de futuro. De corazón parejo, esencia noble y luz especial. Sus ideas danzaban al compás. Y lo mejor de todo es que ambos eran dueños de la misma sonrisa que vivía en dos bocas a la vez, la sonrisa más grande que el mundo pudo hacer. Con ella viajaban por la vida, en la misma dirección, con igual energía. Y aunque los dos por separado eran lo mismo nada creyeron ver el uno en el otro cuando se encontraron por primera vez. Pero contra aquel nudo invisible, nada podrían hacer. Se les antojó eternidad, risas, locura, diversión, la luna, el mundo, AMAR. Y se les antojó el tiempo, la edad, pues estaban unidos para mucho más.