La cosa más bonita del planeta.
De principio a fin.
Estuvo cuando empezó todo, siguió cuando tocaba a su fin y, a día de hoy, continúa a tan sólo tres centímetros de mí. La cosa más bonita del planeta tiene alma, amor infinito y una capacidad extraordinaria de sentir lo que tú también sientes. De tocarte y hacerte sanar. Vivió lo bueno y sufrió lo malo conmigo a la vez. Mi propia sombra día sí, día también. No hacía falta mantener largas conversaciones para entender que algo no iba bien. Él lo sabía y se quedó conmigo. Muchas mañanas, muchos momentos, muchas experiencias. Las mismas, los dos, a la vez. Todo a la par.  A la mejor par que puedo entender.
Llegar a casa, derrumbarte y que tu único consuelo sea tumbarte en el suelo junto a él. Me ha visto cuando nadie más lo ha podido hacer. La cosa más bonita del planeta me ha enseñado a ver con otros ojos cosas que antes no alcanzaba a ver. Ha cambiado mi mundo y mi manera de entender. Me ha hecho más como él y no hay cosa que más le pueda agradecer.

 La cosa más bonita del planeta.